HAMBRE O VENENO

La soberanía alimentaria de la Unión Europea ha sido dejada de lado en favor de tratados internacionales que perjudican a los precios en origen, a pesar de las exigencias ambientales, sociales y laborales que se deben cumplir desde el sector agrario en nuestra región.

Tras la destrucción paulatina del propio tejido primario, ahora ante el desabastecimiento se recurre a productos de terceros que no cumplen con las exigencias ambientales de la Unión Europea.

Toledo a 17 de marzo de 2022

Hambre o veneno es la disyuntiva que nos ofrecen la Unión Europea y nuestro gobierno, a través de su ministro de agricultura, Luis Planas.

Tras décadas de minado del tejido productivo agropecuario por parte de nuestras instituciones, se ha pasado de una situación de excedentes alimentarios a otra de escasez, que nos ha hecho totalmente dependientes de la importación de países terceros. Hoy debido a la situación internacional se produce desabastecimiento de los mercados comunitarios.

La solución dada por la Unión Europea y nuestro gobierno es la de importar productos tratados con sustancias prohibidas en la Unión. Éstas sustancias se prohibieron hace años por su carácter mutagénico, carcinógeno o por afectar gravemente a fauna y flora.

Nos encontramos por tanto con autorización de importar productos como por ejemplo el maíz argentino transgénico, que también es algo prohibido en la Unión Europea porque se desconoce las consecuencias que pueda tener sobre la salud humana y ambiental por la introducción de genes de animales o bacterias en las plantas. En estos países terceros siguen autorizadas y en uso sustancias como el clorpirifos, prohibido hace una década en la Unión Europea.

Por lo que ahora nos dan a dar a elegir entre desabastecimiento y hambre, o veneno. En lugar de potenciar el tejido productivo agropecuario de la Unión Europea y de España, en particular deciden importar sustancias nocivas de países terceros debilitando aún más la estructura agropecuaria comunitaria al verse ésta forzada a competir con estos productos. Esta situación provocara aún más desabastecimiento al destruir mayor número de explotaciones, lo que a su vez provocara una mayor dependencia de productos nocivos de países extraños a la Unión Europea.

Todo esto ocurre porque se ha perdido de vista el objetivo por el que se creó la PAC, que no era otro que garantizar el suministro de alimentos a la población. En lugar de ello se empeñaron en convertir al agricultor en paisajista. Se empezó a poner un sinfín de normas que dificultaban la producción. Se perdió también de vista el carácter estratégico del sector primario imprescindible en tiempos de tribulaciones en los que guerras o pandemias dificultan o impiden el Comercio internacional. Se utilizó la agricultura como herramienta de intercambio con terceros países para mejores acuerdos, permitiendo la libre entrada de alimentos (naranjas, aceite y vino de terceros países).

¡Elecciones en el campo ya! Estamos en manos de gente que no defiende al sector agrario. La falta de democracia en el campo, y el apesebramiento de las organizaciones agrarias, que tienen asignada la representatividad a dedo por la Consejería por una ley derogada y con certificados caducados, paralizan al sector.

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