La Comisión Europea propone normas para el uso agrícola de aguas residuales

Unión de Uniones se hace eco de la propuesta de nuevo reglamento presentado hoy por la Comisión para estimular y facilitar la reutilización del agua en la UE para el riego agrícola. Según la Comisión las nuevas normas ayudarán a los agricultores a hacer el mejor uso posible de las aguas residuales, al igual que aliviarán la escasez de agua, protegiendo al mismo tiempo al medio ambiente y a los consumidores.

El contenido grueso del futuro reglamento consistiría en la introducción de unos requisitos mínimos para la reutilización de las aguas residuales tratadas procedentes de instalaciones de tratamiento de aguas residuales urbanas, en relación con los elementos microbiológicos (por ejemplo, los niveles de la bacteria E. coli) y la frecuencia de los controles. La introducción de unos requisitos mínimos garantizará que el agua regenerada producida con arreglo a las nuevas normas sea segura para el riego.

Según el análisis de impacto que acompaña a la propuesta y que Unión de Uniones ha tenido oportunidad de revisar, España, junto con otros cinco países de la Unión Europea cuenta ya con legislación propia para especificar los requerimientos para la utilización de aguas residuales. Si bien en cuanto a los criterios de calidad en muchos casos los parámetros establecidos por las legislaciones existentes en los Estados miembros son más exhaustivos y rigurosos que los que exigiría la futura propuesta legislativa; se dan otros casos en los que las normativas nacionales permiten criterios de calidad menos estrictos, que necesitarían una revisión para acomodarse al nuevo reglamento. Esto se sucedería, por ejemplo, en España respecto a los criterios microbiológicos para la validación de la clase de calidad más estricta correspondiente al riego de cultivos consumidos crudos cuya parte comestible esté en contacto directo con aguas regeneradas.

Además, la norma comunitaria se ocuparía de la gestión de riesgos en estos usos de aguas residuales para identificar cualquier riesgo adicional al que se deba hacer frente con el fin de que la reutilización del agua sea segura.

Igualmente se establecerían las bases para que la población tenga acceso a información en línea sobre las prácticas de reutilización del agua en sus respectivos Estados miembros.

Hay potencial de uso

Según los estudios de la Comisión, la reutilización del agua en la UE está actualmente muy por debajo de su potencial a pesar de que tiene un menor impacto medioambiental y supone un ahorro importante de energía en comparación con la necesaria para extraer y transportar agua potable. En ciertos Estados Miembros, como es el caso de España, la reutilización del agua es un componente integral y efectivo de la gestión de los recursos hídricos a largo plazo, pero se podría explotar bastante más. Los datos del informe de impacto consultados por Unión de Uniones cifran la tasa de recuperación de aguas residuales en nuestro país para regadío en alrededor de un 12 % de las aguas residuales generadas y se piensa que con las inversiones adecuadas podría llegar a cubrir un 20 % de la demanda de regadío.

No obstante, las informaciones que el documento de impacto de la Comisión recoge para hacer sus estimaciones actuales y sus previsiones citan fuentes diversas y se refieren a distintos períodos. Así, por ejemplo, según el segundo ciclo de planes hidrológicos se evalúa que el agua regenerada en España alcanzó 413 hm3/año en 2013 y las estimaciones en la fecha de presentación de los planes se acercaban a 520 hm3/año para 2015.

Por su parte, según en la Encuesta de Abastecimiento de Agua y Saneamiento se habla de un volumen total de reutilización de agua de 531 hm3 por año en 2013, determinándose que la cantidad total de aguas residuales recuperadas fue del 11% del volumen total de aguas residuales tratadas en ese año. Según otras fuentes adicionales aproximadamente las tres cuartas partes del agua recuperada se utilizarían en agricultura.

Por su lado, FENACORE, la Federación Nacional de regantes, calcula en unos 3.500 millones de m3/año el volumen de aguas residuales urbanas generadas, de las que se utilizarán unos 400 millones de m3/año.

Los objetivos

A favor de una mayor utilización de las aguas regeneradas estaría el que un tercio de la superficie de la UE adolece de estrés hídrico durante todo el año y la escasez de agua sigue siendo una preocupación importante para muchos Estados miembros de la UE. Por añadidura, las pautas meteorológicas cada vez más impredecibles, como las sequías extremas, pueden acarrear consecuencias negativas para la cantidad y la calidad de los recursos de agua potable.

Como quiera que sea, el objetivo de las nuevas normas es garantizar que se haga el mejor uso posible de las aguas procedentes de instalaciones de tratamiento de aguas residuales urbanas, constituyendo una alternativa fiable de suministro de agua. Al conseguir que las aguas residuales no potables vuelvan a ser útiles, estas medidas contribuyen al ahorro del coste económico y medioambiental relacionado con la instalación de nuevos suministros de agua.

Cuantitativamente, la evaluación de impacto que la Comisión adjunta a su propuesta concluye, como Unión de Uniones ha tenido ocasión de analizar, que existe un potencial general para la reutilización del agua en la UE para el año 2025 de alrededor de 6.600 millones de m3 por año, en comparación con los actuales 1,1 mil millones de m3 por año. Según el modelo estudiado, una inversión de menos de 700 millones de euros permitiría tratar esos más de más de 6.600 millones de m3 anuales con un costo total de agua recuperada por debajo de 0,5 euros/m3.

Dicho coste permitiría reutilizar para el riego más del 50% del volumen total de agua teóricamente disponible procedente del tratamiento de aguas residuales en la UE y evitar más del 5% de la extracción directa de las masas de agua y aguas subterráneas, lo que resulta en una reducción de más del 5% del estrés hídrico en general.

Se contribuiría así a alcanzar las ambiciones de la Unión Europea en materia de economía y lucha contra el cambio climático y al cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas en la UE (en particular, del Objetivo 6 sobre el agua y el saneamiento) con los que la Unión Europea se haya comprometida.

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